sábado, 9 de febrero de 2013

CHÁVEZ Y EL FUMAR: LA CONTINUIDAD DE LA REVOLUCIÓN


Es un momento histórico para Venezuela. Un proceso sutil se da bajo el radar, una parte del pueblo separada de su líder y compañero se desteta como de la madre; sujeto social que estuvo sometido y excluido, y el hecho transformador que Hugo Chávez propició en 1992 lo sacó de su sopor, para inicialmente buscar igualdad en un mundo de libre competencia.

La revolución se trata del despertar individual y colectivo, generar las condiciones para ejercer la libertad de albedrío, de pensar y elegir. Chávez es un eslabón en la cadena de luchadores que han mantenido a flote la resistencia.

Fumaba, muy a pesar de los encargados de cuidar su vida. Pero si lo que necesita es tiempo para recuperarse, lo merece. La lucha continuará y tendremos la difícil tarea de crear los métodos más eficaces para descubrir quiénes son los hombres y mujeres más probos, más honestos, más capaces y ejemplares en todo, quienes podrán administrar cada ámbito de nuestro país.

Es necesario hablar del fumar porque fue lo que nos trajo a este momento histórico, casi se llevó a Fidel Castro, a “Lula” Da Silva y le hizo padecer varias operaciones a Chávez. Por lo que quizá todos deberíamos, madura y responsablemente, sacrificar esos pequeños vicios personales que ponen en riesgo una revolución.

Grandes o mínimas debilidades son las que nos puedan apartar de la lucha diaria, que es perfecta y limpia cuando es consciente de sí, cuando responde a la vocación y es bien recompensada; eso es lo imprescindible.

Lo que sucede en las cárceles venezolanas da parte de la gran debilidad de la visión educativa que hemos adoptado; entre otros factores. El pedagogo ruso Anton Makarenko comprobó hace casi un siglo que el aprendizaje, la enseñanza de nuevas formas de vivir, es el mejor motor transformador especialmente para el que delinque, por lo que se debe propiciar el nacimiento del nuevo ser.

En ese sentido, todos debemos ser transformados, porque somos víctimas o victimarios en un círculo de violencia, vicios y deformidades sociales, producto de sobrepoblación, desempleo y pobreza, entre otros temas de convivencia humana.

Por ello la Ley de Educación debe ser de avanzada, contar con el consejo de nuestros indígenas que nunca fueron demasiados y siempre tuvieron para comer y vivir felices, antes de la colonización; así como la plena participación de las comunidades de todo el país.

En el ámbito comunicacional la batalla es ideológica. El español es simplemente la lengua del último que nos “civilizó” y el inglés avanza en la clase media; por ello la radio, la televisión digital, el internet deben estar al servicio de la construcción de nuevos imaginarios, que usen los referentes de nuestras raíces y hagan una pequeña contraparte a las numerosas invasiones doctrinarias.

Debemos ser capaces de producir contenidos que redefinan nuestra humanidad, el modo en el que concebimos el mundo, nuestros valores, cómo nos relacionamos y cómo podemos ser mejores seres humanos, mejores venezolanos.

Tenemos un conflicto social que responde a la violencia del enfrentamiento de clases, y aunque la agenda social adelante ciertos beneficios, la repartición de la tierra es fundamental en el plan revolucionario, que el periodista Jon Lee Anderson, pretende defenestrar en el New York Times como un sueño que morirá con Chávez.

Puede que aquel plan tuviera sus debilidades, el que nació a la luz de los primeros años de la revolución; algunos incluso merecen honroso relevo, pues nuestra economía es voluble y petrodependiente. Es imperativo acelerar la producción de alimentos y manufactura para arrancar la inflación y la especulación de raíz.

Tal vez el Presidente quiera dejar caer el peso de la Ley sobre aquellos cercanos no tan probos, castigando públicamente el enriquecimiento y la inmoralidad, como hizo Rafael Correa en Ecuador.

Así Chávez seguirá en el corazón del pueblo como un líder respetuoso, que ojalá encuentre en su proceso de recuperación una compañera que apacigüe sus ansias de caballo alazán y le ayude a ganar plenamente su batalla más personal. Le recomiendan cuidarse del Opus Dei que apostó a penetrar su círculo más íntimo.

Ha sido una larga espera para Capuletos y Montescos. Una dura prueba cuando sabemos que lo que viene es joropo.

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