Si buscamos a los productores más talentosos de nuestro país, hay que hablar sobre Oswaldo Rodríguez. Nacido en Caracas en el año 72. Ingeniero de sonido, productor, director y músico multiinstrumentista, es creador de la banda Sur Carabela, suficiente carta de presentación; pero él acumula mucho más para ser conocido como un productor musical de otro mundo, viviendo y creando en Venezuela.
Por: María Isabel Cerón.-
Nacido de una profesora de música y un abogado poeta y músico, Oswaldo Rodríguez Cabrera se inició estudiando violín en el Conservatorio Lino Gallardo. Ocho años en la Orquesta Infantil fueron auspiciosos para que este joven se diera cuenta de que podía hacer música con su vida.
Las bandas sonoras de algunas películas y comerciales le dieron señas de que el arte lo llamaba: “Caí en la música clásica y me mantuve allí un tiempo, hasta que vi el primer sintetizador y dije: ‘esto es lo que yo quiero’”.
Como cada músico caraqueño que se respete de su generación, fue alumno del maestro Gerry Weil en armonía, piano, improvisación, lectura y escritura: “Esas cuatro materias que él daba para mí eran más nutritivas que la universidad”. Estudió también en el Taller de Arte Sonoro.
Maestro acompañante de danza
Rodríguez se convirtió en pianista acompañante de bailarines de danza contemporánea: “Eso tiene una particularidad, porque tú trabajas la improvisación; el profesor hace unas combinaciones de posiciones, y en ese mismo momento, el maestro acompañante debe componer la música que va a acompañar esa secuencia”.
Pasó por el Instituto Superior de Danza, el Ballet del Teatro Teresa Carreño y Danza Hoy: “Fue difícil aprender, pero en el proceso creció el hábito de la composición. Era, en tiempo real, calidad total, porque tenías que darles algo que funcionara. Instantáneo y de inmediato. Fue una gran escuela”.
“La compañía de danza hizo un comercial de una obra con la música que yo compuse, y ese anuncio se ganó un premio ANDA. Entonces, empecé a trabajar en publicidad, haciendo música de comerciales”. Luego, compuso la música para otro spot emblemático de la fundación Amigos de la Vida, que ganó dos premios en el New York Film Festival.
Oswaldo no hace a medias. Prueba de ello es que musicalizó más de cinco mil spots publicitarios con sus empresas: “Llegó también la gente del cine y los documentales, y empecé a explorar la música audiovisual. Me pregunté si yo era músico audiovisual o si era un artista, como los artistas que a mí me gustaban. Hice esa apuesta y dije: ‘Vamos a hacer un disco’. Agarré todas las composiciones que había hecho y las pulí, las terminé. Las adapté a lo que en ese momento tenía como mis referentes, tomé ese riesgo”.
El puerto de Sur Carabela
En 2001 era otra la historia para medir la receptividad hacia un proyecto musical. “En un principio, la respuesta fue muy difícil, muy negativa, porque no teníamos feedback de verdad. Era muy difícil. En esa época no existía Instagram, Telegram. Y todo se movía a través de corporaciones discográficas, las disqueras. Y la música que nosotros hacíamos no era masiva y podíamos pasar totalmente por debajo de la mesa”.
“Pero yo mandé la música de Sur Carabela a MTV Latino. Y al gerente de programación de MTV le llamó la atención y nos programó. Salimos al aire en la madrugada y pensamos: ‘listo, ya nos podemos morir’. Con la sorpresa de que ‘Lejos de aquí’, a la semana estaba en el octavo lugar y a los 15 días era número uno. Ahí sí se interesaron La Mega, la 92.9, todo el mundo se interesó en ponerla”.
“Hubo un trabajo con Latin que nos captó. Hicieron su apuesta con nosotros porque la banda estaba sonando en el ámbito internacional. Nos firmaron y nos dieron mucho apoyo, a través de Mara Montauti, que fue una mentora e impactó nuestro trabajo, lo complementó, nos dio plataforma en los medios. Y entonces hubo un boom aquí. Lo interesante es que ese boom también lo hubo en Latinoamérica. Empezaron a llamarnos de Match, Rock al Parque, Sónar, así como de México, Argentina, Uruguay. Fue una respuesta simultánea en varios países. Se lo tengo que agradecer a MTV, de verdad, MTV fue un trampolín”.
Enamorado de la producción
Una vez que Sur Carabela se hizo conocida como una referencia primigenia e infaltable en el campo del trip hop latinoamericano, otras bandas y artistas tocaron la puerta de Oswaldo: “Me enamoré de la producción discográfica y tenía ganas de seguir produciendo mi música y la de otros también. Me enamoré de la ingeniería de sonido, del estudio, de la producción en general. Después empezaron a llegar bandas para que les hiciera la producción, como Caramelos de Cianuro, Desorden Público, Famasloop”.
“Empezó a abrirse una veta de exploración y de trabajo. A mí no me gustaba mucho la calle, las giras, los hoteles, el tiempo que pasaba fuera de casa. Fui percibiendo que me gustaba más el estudio que la escena de la tarima. Y como ahí también encontraba logros, o sea, satisfacciones musicales, profesionales, fui dándole importancia a eso, porque eso es todo un mundo, y es bellísimo”.
Al preguntarle si ha hecho una carrera discreta o de bajo perfil, responde: “Yo tuve el síndrome del impostor. Creo que eso ha sido determinante en mi toma de decisiones, un poco porque sentía que estaba explorando cosas, pero que no era un experto. Yo quise hacer mi disco para probar cosas, pero tampoco quería ser un tecladista famoso o tener una banda famosa. Eran exploraciones de uno, como un químico ligando sustancias”.
“Mi vida tiene mucho que ver con la subsistencia. Yo tenía que trabajar, tenía que lograr cosas. Todo lo que yo hacía estaba determinado por la sobrevivencia. Entonces, tenía que ser muy práctico con lo que estaba haciendo. No podía ser para jugar, tenía que funcionar. Y a veces mezclar la pasión con la necesidad, funciona”.
A Los Ángeles con María Conchita
“María Conchita Alonso, quien iba a reeditar ‘Ambar’, decidió que le iba a dar un tema a cada productor emergente que le pareciera interesante. Entonces, ella se buscó a Pablo Estacio, Rafael Gómez y a Sebastián Araujo (Bacalao Men). Buscó a William Sigismondi, a Carlos Molina ‘DJ 13’ y a mí”.
“Yo hice una especie de vínculo profundo con María Conchita y me fui con ella a Estados Unidos a trabajar con su banda allá, a montarle el show. Ahí me pasó una cosa, yo me preguntaba: ‘¿Será que yo puedo sacar un disco y puede funcionar y puedo dejar de hacer música utilitaria y empezar a hacer música para mí?’. Con María pensé: ‘Un millón de moscas no pueden equivocarse. O sea, mi trabajo está funcionando”.
“Empecé a pasar un poquito el síndrome del impostor y a apostarle más a mi trabajo personal”. Y desde entonces ha venido haciendo música con Sur Carabela, “nada público, pero más intenso. Y es el disco que estoy sacando ahora”. Para todos los interesados: “Fénix” es el nuevo disco de Sur Carabela, que está por salir del horno. “Una vez, Valeria (García, vocalista de SC) me dijo: ‘Peter Gabriel sacó un disco cada cinco años’”.
La música se crea “cuando tú lo quieras, donde tú quieras, no tiene que ser ya. Yo no estoy compitiendo. Yo no tengo seguidores en internet, no atiendo a redes, no es por eso que lo hago”. Aunque Sur Carabela nunca paró, la industria discográfica sí mutó: “se acabó el mainstream, desapareció la escena, se acabaron los teatros, cerraron estudios de grabación por todos lados. Se incendió el país y nos llegó una pandemia…”
Sano y salvo
Pero antes Oswaldo armó un estudio de grabación al que llamó Sound 2 en 1990. “Creé un estudio de grabación, que también fue un experimento, porque los Dermis Tatú llegaron de Los Ángeles un poco golpeados, un poco cansados, pero con ganas de seguir produciendo un siguiente disco. Y yo me los llevé al estudio que estaba empezando a armar, y ahí empezamos a grabar ese último disco de Dermis Tatú”.
Luego, fundó Safe & Sound, “que se convirtió en un referente importante de producción musical y audiovisual. Por ahí pasó mucha gente, nos diversificamos a otras ramas: la acústica, el turismo. Nos planteamos abrir otros estudios en otras ciudades, construir espacios alternativos para el trabajo, como esta posada donde estamos ahorita”.
Se refiere a la Posada Loma del Cielo, ubicada al sur de la ciudad de Mérida, en la Loma de los Ángeles, donde Oswaldo creó un estudio de grabación para recibir bandas y solistas que deseen un retiro memorable para crear su música, y para quienes simplemente disfrutan de las montañas también. Dicha posada tiene “una visión integral, recreativa, cultural, pero turística también y musical. Siempre todo vinculado a la música y a la producción”.
Llegó también Guacamaya VFX, con la que, en 2010, presentó el primer videomapping de Latinoamérica y el Caribe, llamado “Arquitexturas”. Se jugó todo en la celebración del Bicentenario de la Independencia de Venezuela, con un espectáculo inolvidable para la región, un mapping en los monolitos del Paseo Los Próceres en Caracas, dando cátedra sobre importación y apropiación de know-how y de tecnologías inexploradas hasta el momento.
“Después de tantas filmaciones, empecé a explorar la edición, la posproducción, la animación, el motion graphic, el 3D, por la misma necesidad de crear contenido para la música. Yo empiezo ese otro proceso, porque siento que el artista tiene que ser integral. No tienes que manejarlo todo, pero mientras más cosas manejes, más completo es tu trabajo. Se hace más fácil integrarte con equipos que hagan diversas cosas y tener un mejor resultado”.
La semilla de Sur Récords
Algunas personas se preguntan cuál es el sentido de hacer todo esto en un país como Venezuela, al borde de una nueva crisis política, viendo lo que se genera con una nueva ola de gente que está creando para hacer catarsis…
“Esa es la razón, la catarsis. Y además, pasa una cosa: estamos en Venezuela, en un mundo convulso, un mundo loco, loco. Yo diría que ya en una tercera guerra mundial, y si no, muy cerca. Con problemas graves. La huella de carbono dejando su efecto. Cobrándonos… Entonces, yo no me veo ahorita en ninguna otra parte del mundo, incluso, no veo mayores oportunidades en otras partes del mundo”.
Tan es así que Rodríguez se dio a la tarea de generar librerías sonoras de instrumentos venezolanos de cuerda, tambores y airófonos, que registran la diversidad y belleza de la cultura nacional, poniéndola al servicio de la creación de músicos de todo el mundo, entendiendo que el cuatro, no aparece en ninguna biblioteca de sonidos de la industria musical: “Se desarrolló todo un trabajo etnomusicológico que explica la manifestación del sonido y su ubicación; fue un proyecto de alto grado de complejidad”.
Apostar por el arte venezolano en un momento como este, no es una decisión random. Es valiente, interesante, cuando menos. Oswaldo afirma que él se hizo solo, y ante esa soledad vio que los impedimentos había que sortearlos: hacerse de un estudio o asumir el reto de aprender VFX cuando nadie sabía de eso. O crecer un sello musical desde la semilla, al que ha llamado Sur Récords, que arropa a talentos excepcionales como al ingenioso Víctor Bolívar o bandas inmarcesibles como La Siren La Ziren o Funes.
Estar en contacto con gente que hace música, inspiró la decisión de crear un sello disquero: “Eso también de alguna manera te conecta. Cuando tú entras en el mood y empiezas a trabajar, atraes a personas y eres atraído por personas que te enamoran, su magia, su música, y empiezan a hacerse conexiones interesantes que te inspiran.
Un caraqueño con un pedazo de cielo
“En Mérida, pude comprarme un ashram, un pedazo de montaña, un bosque, que para mí es el espacio ideal para componer y producir”. Menciona que el modo de vida de Caracas, quizá no es tan amable con la música.
“Es un concepto un poco utópico de lo que debería ser hacer música. Pero posible. Y siento que ahí está la posibilidad. Quizá no sea fácil llevarla a cabo, pero yo creo que tiene puerto seguro. De hecho, yo lo que hice en Caracas fue replicar lo que soñaba hacer en Mérida. Y he tenido vida suficiente para verlo realizado allá y acá”.
“Claro, hubo prioridades. El de Caracas se convirtió en un muy buen estudio, un mega estudio. Tengo una suerte increíble de tener una sala de esas dimensiones, con esa tecnología y además haber tenido trabajos maravillosos y conocido a artistas increíbles como Franco de Vita, Gillermo Badalá, Fito Páez, Tweety González, Blanquito Man, Andrea Echeverri, María Conchita. Para mí eran personajes que aparecían en mi camino laboral y aunque me emocionaba, también tenía que estar a la altura y estoy agradecido con todo lo que he vivido”.
“Sobre todo porque no fue una cosa que yo elegí, sino que me obligué a hacerlo, porque era mi trabajo. Y eso es riquísimo porque es doble gratificación”. Como cuando se comunicó con Tweety para mezclar el disco de una banda venezolana y el gran productor de Soda Stereo lo recibió con los brazos abiertos: “Ese complejo del impostor a la mierda. Chao”.
“Nos lanzamos a trabajar con él. Y estando allá, él me atendió muy bien porque es un tipo de verdad muy sencillo. Pero cuando indagó un poco quién era yo y qué hacía, y salió Sur Carabela, el hombre realmente tripeó y me dijo que él quería ser productor del siguiente disco de Sur Carabela. Y entonces, empezó una relación laboral. O sea, él pasó a ser un proveedor de Safe & Sound y de Sur Récords de mezcla y máster. Yo llevaba para allá a mis muchachos, a mi talento. Yo era para él un cliente”.
“Cuando él se interesó en Sur Carabela, yo accedí, le dije que sí, que era un honor para mí que él produjera el disco. Y le di piezas como ‘Someday’, de la que incluso hizo un remix. Pero luego vino la crisis y no se pudo consolidar, aunque mantenemos el contacto”.
Cabe decir que el fenómeno de Sur Carabela fue justo. Mucha gente que hace música en Venezuela obtiene relativa fama porque sus productores entienden al mercado. Pero Sur Carabela sonaba y suena distinto a todo lo demás que había y hay.
“Lo cierto es que ahora estamos aquí. Esta Posada Loma del Cielo es la realización o el resumen de muchos de esos proyectos, y la idea es que se utilice como un espacio para la creación, pero también para crecer, aprender, enseñar. No solamente para hospedar y grabar, sino mucho más”.
“Yo siento que hay que tener un espacio donde siga ocurriendo esa magia, esos encuentros. Propiciarlos, encontrarse con nuevos talentos, ayudar y hacer así, como a mí grandes personas me dieron un toque, me ayudaron y me marcaron en la vida… Un Cangrejo, un Tweety, un Badalá, que son unos maestros”.
“Tienes que trabajar por ti mismo y conocer todo el proceso del artista, para que vayas amarrando cabos sueltos, entender tu autogestión. Los músicos deben prepararse integralmente para revelar el arte y vivir a sus anchas”.



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